Segundo día, hoy encontré un perro hermoso paseando con su dueña, lucen estupendos, me acerco y empezamos a pelear, a reconocernos cómo machos que somos y ver quién sale vencedor en este juego de dominación. Ella, muy hábilmente continua su camino para no despertar temor, la seguimos y no logra comprender si es un juego o un pleito. Termino por
seguirlos, no tengo nada que perder. Al llegar a su fraccionamiento, no me permiten pasar, me quedo por detrás de las rejas y me las ingenio para entrar. Al llegar a su casa, recordé la mía, fue inevitable. Encontré dos niños increíbles que empezaron a hablarme, a jugar conmigo, me invitaron a ser parte de su pandilla, no puedo negarlo, me encanto la idea. Al
volver a casa, me ofrecieron agua y comida, sólo me faltaba entrar a mi nuevo hogar, pero no, me di cuenta que habitaba el perro que guiaba a su dueña esa tarde y también una gatita al interior, por lo que acepté quedarme al lado exterior de la casa. Al paso de las horas pude conciliar el sueño, pero al despertarme, nos desconocíamos y peleábamos, eso no le gustó nada a los vecinos, por la mañana llegó el guardia, me habló muy amablemente y me pidió que saliera.
Volví a la calle, camine varias horas y llegue al siguiente fraccionamiento, ahí el guardiá se portó peor, me metió a una jaula, como si hubiera cometido algún delito, robo u ofensa. Al paso de las horas, llegaron los dueños de la casa 16, me dieron morada en su patio, comí y dormí esa noche.
Tercer día. Llega aproximadamente a las 2 de la tarde la mujer del Jeep gris, me abre la puerta y subo al auto, sin saber que pasaría, pero confié en ella. Al llegar a su casa y entrar, creí por un momento, que ahí sería mi nuevo hogar, pero al abrir la puerta, vuelvo a ver esa cara conocida, me veía cómo diciendo: qué haces
Aquí! Esta es mi casa!! Al principio fue reconocer el lugar, pelear y defender un territorio que de antemano, lo tenía perdido. Lo peor, fue quedarnos solos, fue llenar ese lugar de miedo, rabia y confusión, los dos no cabemos en ese lugar, pasaron las horas y sólo el cansancio nos hacía detenernos. Al llegar la noche, llegó la dueña, la vi llorar y desesperarse, a mi
nuevo amiguito, también lo vi llorar, supe que era hora de marcharme, la vi hacer una llamada.
Al entrar, me dieron comida y agua, lo agradezco, prepararon más comida, no sé exactamente a donde
Iba. Subí al auto, al ver que me alejaba, me empecé a alterar, ellos también, no sabían si reaccionaría mal, así que decidí bajar del auto, nonquería hacerles daño, pero tampoco quería alejarme. Vuelvo a la calle, busco mi casa o alguien quien quiera compartir conmigo su
espacio. Soy Rocky mi nuevo nombre con el que entre a la pandilla.
